martes, 11 de octubre de 2011

LA PRINCESITA


Débil a la exigencia de tu cariño, voy a contarte un cuento, tal vez historia, de esos que me contaron cuando era niño y archivé en los rincones de mi memoria.
Era una princesita, la mi cuento, rubia como los trigos de los trigales, los ojos soñadores, la tez de nácar, de pétalos de rosas y de corales.
Llegó a cumplir la niña los quince años y su padre, un monarca muy poderoso, para evitarle penas y desengaños quiso hacerla dichosa dándole esposo.
¿Qué esperas? Su buen padre le preguntaba ¿Por qué muestras esquiva tu rigor fiero?
Y triste la princesita le contestaba: - A un hombre que me quiera como yo quiero.
Y príncipes y nobles la cortejaron sin vencer un instante su resistencia, y hartos los más constantes la abandonaron gastados sus recursos de amor y ciencia.
Y una mañana triste como ninguna, cansada de nostalgias y sinsabores, como las rosas mueren en el estío, murió la princesita por sus amores.
Y bajo los rosales de una mezquita dosel de aquella tumba tan solitaria durmió su eterno sueño la princesita y nació una flor triste, la Pasionaria.
Y aquí tienes mi cuento ya terminado, su tristeza tú tienes que perdonarme, como me lo contaron te lo he contado y lloré como lloras al escucharme…

(Este cuento sobre como nació la flor de la pasión lo contaba mi madre, pero no supe nunca quien lo había escrito)

2 comentarios:

  1. "Débil a la exigencia de tu cariño..."

    ¡Qué comienzo tan bonito!

    Gracias, Carlota.

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