martes, 23 de febrero de 2010

PACIENCIA E IMPACIENCIA


¡Que sentir humano!, la impaciencia, querer que todo suceda ya, buscar siempre la meta, ¿y el camino? ¿Y el paseo hasta el lugar deseado?, a veces parece no contar, tal vez por culpa del tiempo limitado en el que viven; “tiempo”, algo que nos cuesta entender, nosotras no sentimos el tiempo, todo parece estar en nuestros presentes, algo fue antes, tal vez ocurra algo después, pero sólo sentimos el presente, los días son sólo divisiones artificiales para nuestra especie, no existe el día y la noche, y cuando estamos aquí, todo cuanto vivimos dura sólo un “día” del mar, hasta que volvemos a nuestro lugar de espacio sin tiempo en el océano.
Podemos recordar que tal vez alguna vez amamos, difuso, en la memoria, el sentimiento de peligro, “no lo vuelvas a hacer”, porque el recuerdo dice que sufrimos, y las leyendas de nuestro mundo recuerdan que sólo necesitamos al hombre para que nos siga, nada más.
Impaciencia, sentir humano, nosotras tenemos, como Penélope, la calma de la espera, tejemos el espacio que nos separa de cumplir nuestras misiones, y a veces, como ella, destejemos para tardar más, sabemos que ocurrirá, y no sentimos impaciencia.

sábado, 20 de febrero de 2010

MIS MASCOTAS MARINAS


Yo también tengo una mascota, ahora está en el mar esperando mi vuelta, sabe que llegaré y acariciaré su casi gelatinoso cuerpo, se restregará contra mí, y me seguirá a cualquier lugar que vaya, yo la cuidaré y jugaremos a que resbala entre mis manos, luego me tocará con sus tentáculos de jibia, apenas rozando para hacerme sentir caricias, y me mirará con sus oscuros ojos, para ver si me gusta y me divierto con ella.
Los animales marinos que nos son más queridos como mascotas, son las jibias, allí son como los perros o gatos de aquí, casi todas las sirenas tienen una, y la cuidan con todo el amor inmenso del que somos capaces.
Son animalitos muy inteligentes, enseguida aprenden cosas, aunque también son muy curiosas, y les gusta tocar todo cuanto sienten en el mar, eso hace que a veces las perdamos porque son frágiles y les acechan muchos peligros; hay en el mar, muchos animales que simplemente se alimentan sin mirar de qué, y no siempre llegamos a tiempo de salvarlas, ellas reproducen sobre su cuerpo nuestra imagen como si alguien hubiera dibujado en su dorso nuestra cara, y así cada sirena sabe a quien pertenece cualquier jibia extraviada, o que debe cuidar de uno de estos animalitos hasta que la sirena que no está vuelva de nuevo.

Galán de Noche


En el tibio jardín
el fino
aroma del jamín;
y el olor transnoche,
divino,
del galán de noche.
Mi dulce amor por tí,
redondo,
volviendo ya de tí.
¡Escalando sombras
del balcón transnoche,
corazón, me nombras
tu galán de noche!...

(Juan Manuel Naveros Burgos -"Poma")

jueves, 18 de febrero de 2010

El agua del mar habla a las mujeres

No necesitas ser sirena para escuchar hablarte al mar, toda mujer, conserva esa cualidad primigenia y, si se sumerge en el mar y escucha, puede oír como el agua le transmite pensamientos de habitantes marinos.
A veces, puede bañarse llena de pesares y encontrar en los rumores que su mente no procesa el alivio para emerger con más ánimo y vigor, ella pensará que ha sido el baño reparador, pero ha sido la comunicación, sin que se haya dado cuenta, solo hay que estar atenta para notarlo.

Cuando estamos tristes vibramos de diferente manera y eso el mar lo transmite, si hay vida marina cerca, esos seres submarinos harán porque la vibración sea suave, propia de una mujer serena y dichosa, y nos transmitirán la calma y paz con que salimos.
Solo hay que hacer la prueba, siendo conscientes de nuestra naturaleza femenina, y de que el mar, es como el aire para otros seres, que miran este mundo como algo desconocido e inalcanzable, que saben que los que lo traspasan, rara vez vuelven a contarlo, y por tanto, para ellos, es como el abismo del océano para los hombres, un lugar donde no se puede llegar porque la naturaleza esencial lo impide.
Su curiosidad por este mundo seco, solo es comparable con la curiosidad por los fondos marinos inexplorados que sienten los hombres, ¿Cómo llegar a ellos? ¿cómo habitarlos a pesar de las limitaciones para sobrevivir?, nosotras estamos entre ambos mundos, y no podríamos elegir, ambos nos son imprescindibles, tal vez esa es nuestra naturaleza real, la de nexo de unión y evolución a un ser que une inteligencia a instintos de conservación, pero no individuales, ni de especie, ni de grupo, sino de puros seres vivos en el espacio.

OCASO


Es la hora tan triste del ocaso,
mudos los labios, parleros los ojos,
por el desierto jardín al acaso
vagamos juntos a nuestros antojos.
El día. que de tintes anda escaso,
las luces últimas entre sonrojos
muestra de un sol, ya decadente Vaso,
que un beso añil pone en tus labios rojos...
¡Quieto el viento del Sur!
Cae la tarde,
la antorcha de Eros en los cielos arde,
se cierra el día con mágico broche...
¡Con el postrero u último arrebol,
escarbajo de oro, vá el sol
a esconderse en el hueco de la noche!...
(Juan Manuel Naveros Burgos)

miércoles, 17 de febrero de 2010

Poderes Ocultos

Para nosotras no son poderes ocultos, puesto que todas los tenemos en el mundo del que procedemos, lo extraño, es ver que aquí se carece de ellos. Uno de ellos, es entender lo que dicen otros animales, comprendemos muy bien el lenguaje de los animales marinos, sentimos su miedo, su alegría, y sus premoniciones, que a veces, nos salvan de catástrofes que nuestra percepción no a llegado aún a captar.
Nos comunicamos en el mar con todos los seres vivos que en él hay, les gusta nadar junto a nosotras y sentir nuestras caricias, algunas especies, son muy solitarias, y solo nuestros cuidados, les recuerdan la época en la que no recorrían solitarios el océano, los bancos de peces tienen una especie de lenguaje conjunto que hace pensar en que son una sola gran presencia inteligente dividida en partes, como pueda ser en nosotras el pelo o las escamas, perder una, no nos priva de la vida, aunque sentimos su merma, y el dolor al desprenderse de nosotras, pero su “gran vida” continua con el resto de peces del banco, un solo superviviente recogería esa sabiduría conseguida con el espíritu continuador de la especie, y podría hacer otra gran presencia con su prole, que guardara la memoria de un solo ser.
Fuera del mar, aquí, nos comunicamos con los animales, en un plano de confianza, no les tememos, ni nos temen, pero no hay una transmisión de sensaciones como en el mar, excepto con las aves, ellas si nos “hablan”, a su modo, igual que en el mar, llega a nuestro entendimiento por corrientes de pensamiento lo que sienten, miedo, jubilo, deseo de cuidados, o de ayuda, cualquier cosa consiguen transmitírnosla., si queremos comunicar con otra sirena, podemos utilizar un ave, ella buscará a la hermana de nuestra especie y le hará saber cuál es la sensación que el mensaje transmite, en un lenguaje ancestral y básico. Así, como en los cuentos, podemos entender el canto de un pájaro y saber si canta por tristeza o por sentir la seguridad, o la inestable libertad de la que puede gozar.

martes, 16 de febrero de 2010

Matinal


Cuando te vas al campo, luz y risa,
cantando, con tu clara, fresca y sana
alegría;
se torna la mañana
grana;
se aroma todo con tu brisa.

El sol para mirarte se da prisa;

para el viento, la fuente corre y mana...
Y la naciente aurora -que es tu hermana-

para darte su aroma y flor se irisa.

Donde tu vas corriendo, riente y loca,

por el prado mojado de rocío,
las flores que tu leve planta toca

mueren de dicha en dulce desvarío,

te saludan las aves con su pío
.
¡Y te da un beso azul Dios en la boca!...

(Juan Manuel Naveros Burgos)
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